¿Cuál es la diferencia entre escuchar y oír? Esa es comúnmente la primera pregunta a la que nos enfrentamos al estudiar el Sonido. La respuesta es un tanto obvia pero su uso diario no suele ser tan evidente: al escuchar se presta atención acústica y psicológicamente, mientras que el oír implica solamente percibir el sonido, casi como ruido en el fondo. Cuando escuchamos a alguien prestamos a atención no sólo a lo que dice sino a cómo lo dice, quizá al por qué lo dice. Al simplemente oír no registramos información, una voz se vuelve parte del ruido ambiental que nos rodea. De aquí devienen más preguntas: ¿qué tanto, en nuestro día a día, oímos y qué tanto escuchamos? ¿podemos verdaderamente decir que escuchamos música con frecuencia o estamos solamente oyendo mientras atendemos otros asuntos, ya sea actividades o pensamientos? y una importante cuando alguien canta ¿escuchamos u oímos?
Todas éstas son preguntas que parecen tener respuestas inmediatas pero que, al profundizar en sus posibles respuestas, nos damos cuenta de que hay muchas más formas de escuchar de las que pensamos, de que nuestro sentido de la escucha, el primero en activarse cuando aún habitamos el útero de nuestras madres, es una guía que no solo nos hace comprender y ubicar nuestro entorno, sino que nos hace sentir como ningún otro sentido lo logra. De ahí que la música sea algo tan primordial para los humanos, tan llamativo para los animales e incluso algo que afecta a las plantas. El sonido–la música–nos une a todos con todo. Es más que un sentido primitivo que nos alerta de posible peligro o nos informa de nuestros alrededores, más que una manera de comunicarnos. Es un activador inefable de emociones primarias. Mucha importancia se le da a la letra en una canción, se suele pensar que es la parte más importante al ser la más comprensible para todos pero podemos argumentar con facilidad que es más importante cómo se canta una letra que su contenido. Es el dolor con el que Chavela Vargas canta de un amor pasado lo que la distingue de la melancolía con la que Shakira (en sus inicios) cantaba de los mismos temas.
Cuando Shakira canta en Antología «Pero olvidaste una final instrucción/Porque aún no sé cómo vivir sin tu amor» y Chavela canta en Tú Me Acostumbraste «Ahora, me pregunto al ver que me olvidaste/¿Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti?», tenemos temas muy similares, letras que se asemejan pero que se viven de manera diferente. Por cómo están cantadas, por el arreglo musical que las acompaña, por el contexto de las artistas y sus audiencias.
Jarvis Cocker, vocalista de Pulp y sin duda uno de los mejores letristas que han salido de Inglaterra, cuenta en su libro compilatorio de letras Mother, Brother, Lover que cuando compró el vinilo de Dark Side of the Moon de Pink Floyd y escuchó las canciones tras leer las letras incluídas en la funda todo le sonaba mal, forzado para caer en el ritmo de la música, torpe. Las letras suelen presentarse en un formato como el de la poesía pero esto alza un problema porque las letras no son poesía. Están hechas para ser escuchadas, no leídas. Claro que hay excepciones y siempre salen los nombres como Dylan, Leonard Cohen, Joni Mitchell y demás, pero creo que en su mayoría las letras por si solas, sin la música, sin cadencia, sin la voz cantada, raramente se defienden como lo haría un poema (aunque también exista poesía escrita exclusivamente para ser leída en voz alta). Tomemos el ejemplo de alguien que detestaba escribir letras porque no se consideraba buen letrista y que ha sido criticado en muchas ocasiones por lo mismo: Gustavo Cerati. Sus letras (exceptuamos Persiana Americana que fue co-escrita con un fan) son de lo que más le celebran sus admiradores, en ocasiones más que su talento con la guitarra o la producción musical, sus fans se tatúan sus frases y las repiten como mantras. Pero lo cierto es que (y, de nuevo, admitido por él en varias ocasiones) muchas de sus letras no se defendían tan bien por sí solas. Sin embargo, no creo que esto lo haga un mal letrista, todo lo contrario porque sus letras siempre se escuchan geniales y se perciben como algo sumamente profundo. Que alguien pueda cantar una frase como «Lo que querías huele a jardín» y que suene bien, que casi nos haga sentido y sea algo memorable con lo que podamos conectar a un nivel emocional lo convierte en un gran letrista, a mi parecer. Por supuesto que también es la manera en la que utiliza la melodía pero poder escribir algo tan evidentemente insensato y que funcione es, para mí, parte del trabajo de un letrista. Muchos cantautores y cantautoras, género que pone la letra antes que cualquier cosa en su música, se pierden, enredan y tropiezan buscando la manera más poética y de amplio vocabulario para decir algo que, al final, no le añade gran cosa a cómo lo están diciendo ni es más profundo o memorable. Yo, en lo personal, soy más de letras directas y concisas que párrafo tras párrafo de elocuencias forzadas. Jugar con el lenguaje, como lo hace un Jorge Drexler, es un arte pero confundir la poesía con las letras puede ser un error fatal. Charly García, otro letrista subestimado, era directo y a veces intencionalmente abstracto pero decía mucho más en un verso de lo que muchos cantautores (estoy haciendo esfuerzos inhumanos para no nombrar artistas y ser odioso) han intentado en toda su carrera. Y no, no me refiero a Arjona porque hay que rascarle muy poquito para encontrar a gente que hace verdaderas atrocidades pero es celebrada como poeta. No nos confundamos, las letras están pensadas para la música y, cuando no, se nota el tropiezo. Muchos cantautores la harían mejor de poetas así como hay poetas que serían excelentes letristas.
Sin desviarme más y para no hacerle de cantautor y evitar llegar al punto, creo que hay algo curioso en como escuchamos música. Cuando realmente la escuchamos y prestamos atención a ella y tal vez hasta cantamos la letra estamos escuchando pero también oyendo (cosa que sucede todo el tiempo en nuestra vida diaria) porque si nos detenemos a realmente escuchar la letra de muchas canciones y prestar atención psicológicamente a lo que se está diciendo podemos encontrarnos con muchas sorpresas: que tiene cero sentido, que esconde una perversión (Every Breath You Take de The Police como el ejemplo perfecto, Girl, You’ll be a Woman Soon de Neil Diamond como un ejemplo perturbador) o que no dice realmente nada. Sin embargo las cantamos y nos gustan y hasta dejamos de notar sus significados desagradables porque suenan bien.
Lo dijo Bob Dylan al ganarse el Nobel de Literatura: Si una canción te conmueve es todo lo que importa. No necesito saber lo que significa una canción. He escrito toda clase de cosas en mis canciones. No me voy a preocupar por ello–por lo que significa. […] Las canciones están hechas para cantarse, no para leerse. Las palabras en una obra de Shakespeare están hechas para ser actuadas en un escenario. Al igual que las letras de una canción están hechas para cantarlas, no para leerlas en una página.»
Hay que saber qué oír y qué escuchar. Sin pensar que una cosa es mejor que la otra, sin pensar que porque una letra no es un poema es menos. Son cosas diferentes, artes diferentes y requieren de escuchas diferentes. Yo puedo seguir cantando a todo pulmón Feel de Robbie Williams porque sé lo que siento al cantarla, no porque entienda lo que significa. De igual manera millones van a cantar al karaoke Human de The Killers sin detenerse a pensar que chingados significa «Are we human or are we dancer?» porque al final no importa en lo más mínimo: es una gran letra y una gran canción y si mañana hubiera un apocalipsis nuclear y quedara un solo karaoke en la Tierra seguro que sonaría.



